sábado, 5 de mayo de 2012
viernes, 20 de abril de 2012
El deseo ha tomado el mando
Tu llamada me dejo el dolor de una voz quemada, hecha cenizas.
- El doctor me dijo que estoy deprimida, me receto antidepresivos.
- ¿Qué tienes te sientes mal?.
- ¿Sabes que es despertarse y no tener ganas de levantarse de la cama?, llorar porque el nudo que traes en la garganta te aprieta los ojos y no puedes recorrer la cortina de lágrimas que empaña la luz de un sol que ya no te sonríe porque a decidido no salir para ti.
- ¿Qué paso?, ¿Porqué estas así?.
- No se, después de los cuarenta la edad te cae encima, se vuelve pegajosa todo se amarga y te pisa la angustia de una vida que se fuga y te comprime como una pasa. Todo cambia ya nada parece igual. No se si es la tiroides, la menopausia o simplemente una tristeza que empalaga.
- Cuidate, lo que te esta sucediendo no es tan grave todas tus amigas estamos pasando por lo mismo, así es la vida, si nunca envejeciéramos no quisiéramos morir, ¿Quien se quiere morir joven?.
- Tienes razón, prometo poner de mi parte, esto que siento no se lo deseo a nadie.
Colgamos el teléfono, cada quien entretenida con sus pensamientos, los míos encargados en pensar con toda la fuerza de mi memoria en los años que llevamos de conocernos, en ser hermanas porque desde que éramos niñas decidimos dejar de ser amigas. En nuestras vidas entrelazadas, imantadas, difícilmente existen recuerdos donde Tú no aparezcas. Quisiera aliviarte con mi voz y curar con ella la tuya, pero la distancia no ayuda, el poder y el tono de las palabras no es suficiente, se necesita el abrazo que es el encargado de sostener un alma en vilo.
No he tenido noticias tuyas me alarma tu silencio, no contestas mis llamadas, es la tercera vez durante el día que intento comunicarme contigo, dejo que suene el teléfono hasta que oigo tu voz, sigue habiendo en ella restos de cenizas.
- Olga, ¿eres tu?, ¿Que tienes?.
- Tiene otra mujer, Pablo me esta engañando.
Un silencio helado nos separa, trato de articular las palabras pero estas exhalan en mi boca.
- Pero, ¿estas segura?, ¿te lo confeso?- le pregunto apenas con un hálito seco.
- No, pero lo escuche hablando por teléfono, diciendo te amo, al preguntarle a quien le hablaba no pudo enlazar palabra, tartamudeo, y con una voz pastosa solo atinó a decir incoherencias. Lo detesto Amiga, me ha herido en lo más profundo.
- Te entiendo, se como te sientes, conozco ese asombro que se convierte en tristeza para terminar en una rabia profunda, en unas ganas de apuñalar con palabras, de descargar golpes, de morder, de pisotear, de defender una felicidad que creías era tuya. Y entras en conciencia de que haz vivido un espejismo, y piensas ¿Cuántas veces me ha hecho el amor pensando en ella?, ¿Cuantas veces me beso, sin ser a mi a quien besaba?, y no sabes si es el orgullo o el amor el que mueve tu rencor. Y quieres morirte porque tu infelicidad es tan grande que a acabado con todo lo que te hacia ser tu misma.
No se que decisión vayas a tomar, eso solo tu lo sabes, te pido que no te precipites,
ruega que sea algo pasajero, que se aburra de ella, que te valore, que valore todo lo que juntos han construido. La infidelidad ataca la parte mas débil del alma, pero también es cierto que el corazón puede llenarse de capas, que te hacen la vida mas liviana.
Hace rato que soy yo la que habla y solo escucho tu llanto fuera de control, así estuvimos un buen rato, hasta que nos dijimos adiós solo con palabras porque nuestras almas querian seguir juntas.
Esa fue la ultima vez que hablamos y de eso ya tiene dos semanas, hoy Pablo me llamó por teléfono para preguntarme si estabas conmigo, dice que hace una semana que saliste de casa para no regresar, que te fuiste sin nada, sin ropa, sin auto y sin tus hijos, solo una nota de despedida: "el deseo ha tomado el mando". Le dije la verdad que no sabia nada de ti.
Hoy te vi, caminabas por la calle de la mano de una muchacha, las dos se veían felices de vez en cuanto acercaban sus rostros rozandose a penas los labios, sus cuerpos nimbados desprendían amor. Y fue cuando comprendí todo, tus meses de depresión, las ganas de platicarme un secreto que nunca llegue a conocer, porque siempre postergabas hablar de esa felicidad que te negabas y decías no era para ti. Ahora un simple empujón del destino casual o intencionado te ha hecho decidir.
Me viste y corriste hacia mi, nos abrazamos como dos niñas felices en una sola mujer.
Al separarnos tus ojos dijeron mil palabras, los míos no podían dejar de sonreír.
- El doctor me dijo que estoy deprimida, me receto antidepresivos.
- ¿Qué tienes te sientes mal?.
- ¿Sabes que es despertarse y no tener ganas de levantarse de la cama?, llorar porque el nudo que traes en la garganta te aprieta los ojos y no puedes recorrer la cortina de lágrimas que empaña la luz de un sol que ya no te sonríe porque a decidido no salir para ti.
- ¿Qué paso?, ¿Porqué estas así?.
- No se, después de los cuarenta la edad te cae encima, se vuelve pegajosa todo se amarga y te pisa la angustia de una vida que se fuga y te comprime como una pasa. Todo cambia ya nada parece igual. No se si es la tiroides, la menopausia o simplemente una tristeza que empalaga.
- Cuidate, lo que te esta sucediendo no es tan grave todas tus amigas estamos pasando por lo mismo, así es la vida, si nunca envejeciéramos no quisiéramos morir, ¿Quien se quiere morir joven?.
- Tienes razón, prometo poner de mi parte, esto que siento no se lo deseo a nadie.
Colgamos el teléfono, cada quien entretenida con sus pensamientos, los míos encargados en pensar con toda la fuerza de mi memoria en los años que llevamos de conocernos, en ser hermanas porque desde que éramos niñas decidimos dejar de ser amigas. En nuestras vidas entrelazadas, imantadas, difícilmente existen recuerdos donde Tú no aparezcas. Quisiera aliviarte con mi voz y curar con ella la tuya, pero la distancia no ayuda, el poder y el tono de las palabras no es suficiente, se necesita el abrazo que es el encargado de sostener un alma en vilo.
No he tenido noticias tuyas me alarma tu silencio, no contestas mis llamadas, es la tercera vez durante el día que intento comunicarme contigo, dejo que suene el teléfono hasta que oigo tu voz, sigue habiendo en ella restos de cenizas.
- Olga, ¿eres tu?, ¿Que tienes?.
- Tiene otra mujer, Pablo me esta engañando.
Un silencio helado nos separa, trato de articular las palabras pero estas exhalan en mi boca.
- Pero, ¿estas segura?, ¿te lo confeso?- le pregunto apenas con un hálito seco.
- No, pero lo escuche hablando por teléfono, diciendo te amo, al preguntarle a quien le hablaba no pudo enlazar palabra, tartamudeo, y con una voz pastosa solo atinó a decir incoherencias. Lo detesto Amiga, me ha herido en lo más profundo.
- Te entiendo, se como te sientes, conozco ese asombro que se convierte en tristeza para terminar en una rabia profunda, en unas ganas de apuñalar con palabras, de descargar golpes, de morder, de pisotear, de defender una felicidad que creías era tuya. Y entras en conciencia de que haz vivido un espejismo, y piensas ¿Cuántas veces me ha hecho el amor pensando en ella?, ¿Cuantas veces me beso, sin ser a mi a quien besaba?, y no sabes si es el orgullo o el amor el que mueve tu rencor. Y quieres morirte porque tu infelicidad es tan grande que a acabado con todo lo que te hacia ser tu misma.
No se que decisión vayas a tomar, eso solo tu lo sabes, te pido que no te precipites,
ruega que sea algo pasajero, que se aburra de ella, que te valore, que valore todo lo que juntos han construido. La infidelidad ataca la parte mas débil del alma, pero también es cierto que el corazón puede llenarse de capas, que te hacen la vida mas liviana.
Hace rato que soy yo la que habla y solo escucho tu llanto fuera de control, así estuvimos un buen rato, hasta que nos dijimos adiós solo con palabras porque nuestras almas querian seguir juntas.
Esa fue la ultima vez que hablamos y de eso ya tiene dos semanas, hoy Pablo me llamó por teléfono para preguntarme si estabas conmigo, dice que hace una semana que saliste de casa para no regresar, que te fuiste sin nada, sin ropa, sin auto y sin tus hijos, solo una nota de despedida: "el deseo ha tomado el mando". Le dije la verdad que no sabia nada de ti.
Hoy te vi, caminabas por la calle de la mano de una muchacha, las dos se veían felices de vez en cuanto acercaban sus rostros rozandose a penas los labios, sus cuerpos nimbados desprendían amor. Y fue cuando comprendí todo, tus meses de depresión, las ganas de platicarme un secreto que nunca llegue a conocer, porque siempre postergabas hablar de esa felicidad que te negabas y decías no era para ti. Ahora un simple empujón del destino casual o intencionado te ha hecho decidir.
Me viste y corriste hacia mi, nos abrazamos como dos niñas felices en una sola mujer.
Al separarnos tus ojos dijeron mil palabras, los míos no podían dejar de sonreír.
lunes, 2 de abril de 2012
Trapitos al sol
Como es cansado guardar un secreto que se refugia en la lengua y amenaza siempre con salir. Lupe lo sabe mejor que nadie, y todos sigue creyendo en la persona que ella refleja, en ese ser virginal tocado por la voluntad de un Dios que le quito la vista de un ojo cuando apenas era una niña.
Mamá grande realmente fue su madre, por que quien la parió, la abandonó con el pretexto de no tener paciencia para una niña tuerta.
Mamá grande le dio gracias a Dios de que Lupe por lo menos tuviera un ojo para ver y encomendó a su nieta con la Virgen de los Lagos, le ofreció como manda que la niña llevaría puesto su ropaje todos los días hasta que cumpliera los doce años.
Mamá grande murió antes que la niña alcanzara esa edad, Lupe vio su niñez, su juventud y ahora su vejez envuelta en los pliegues de una devoción y una manda que le queda grande, y con un final que desconoce.
Lupe se enteró de la venida del Papa a León Gto., como se enteró todo el mundo. La televisión disparó la noticia hiriendola justo en el corazón para abrirle orificios que ahora están rellenos de esperanza.
Fue entonces cuando se dio cuenta de su poder, ¿ Cuantas noches rezó con fervor?, cuantas veces le pido a Dios tener la oportunidad de ver frente a frente al Papa Benedicto XVI, cuantos kilos de galletas horneo, para venderlas y poder pagar un boleto de avión a Roma y visitar la plaza de San Pedro, ahí el Papa desde su balcón en la misa del domingo la miraría directamente a su único ojo, a ella que es "el fruto del pensamiento de Dios querido, amado y necesario", porque esas fueron las palabras de el Papa cuando lo vio en la televisión y le llenó de ilusión el ojo vacío y el otro el que si ve lo limpio de la amargura con la que veía.
Lupe había sido sorprendida y alcanzada por la palabra de Dios al revelarle su intención de que por medio de ella se santificaría a Benedicto XVI, El le devolvería la vista de ese ojo extraviado. Quería un milagro y Dios a través del Papa se lo iba a dar. Con este discurso las galletas se vendían solas, todo el mundo quería ser participe de la canonización.
Los kilos de galletas recién horneados ahora servirían para alimentar a los niños de la calle, el dinero ya no era necesario, el Papa venia a ella.
El avión de Alitalia aterrizó en León a las 4:00 de la tarde, Lupe llevaba 8 horas haciendo valla a fuera del Colegio Miraflores que sería la residencia del Papa durante su visita a León. Los pies le dolían, no quería sentarse, podía perder su lugar, la cabeza comenzaba a retumbarle después de tantas horas de sol, su ropaje la hacia sudar copiosamente, el estomago no dejaba de rugir pidiendo alimento y para colmo la vejiga estaba a punto de rebelarse ante tanta represión.
Había tanto ruido, ( Benedicto ya se asoma, se siente su aroma, Benedicto hermano ya eres Mexicano, la juventud del Papa, suela, zapato y tacón, suela, zapato y tacón, Benedicto ya es de León.) y como coro el Cielito lindo.
Sin embargo; nada de esto era suficiente para doblegar la lluvia de emociones, que Bañaba su interior.
Ahí viene!! grita la gente, crece la expectativa, las porras se oyen con más fuerza , se agitan banderitas amarillas y blancas. Un remolino se desata en el alma de Lupe, rayos y truenos cargados de electricidad le ponen la piel de gallina para romper en un llanto impúdico acompañado de convulsiones que agitan su cuerpo.
Motos de la policía escoltan el papamóvil, su avance es lento, en el reducido habitáculo vidriado se sienta un pequeño anciano vestido de blanco, con la sonrisa a medias y el rostro cansado, agita el brazo de derecha a izquierda dando la bendición y es durante este movimiento sistemático que sus ojos recorren el mismo camino que los de Lupe para encontrarse en igual punto y sin atajos. El único ojo de Ella temblo de emoción, el ojo ausente ni se movió, los de El tenían sueño querían llegar a casa.
Horas de espera resumidas en un segundo de fe, este era su último recurso, ella quería un milagro y los milagros no existen. Ahora un silencio espeso la rodea, como espesa y amarga siente la boca, como muerto y pegado su ojo. Solo una sonrisa incompleta la delata.
Lupe regresa a casa vencida por la realidad pero con el corazón ligero, Benedicto se ha llevado su secreto, El le ha dicho que si.
Sigilosamente gira la llave en la cerradura, la puerta del ropero se abre, arrastra una silla, con torpeza se trepa en ella para alcanzar del entrepaño más alto una maleta, la jala del asa para aventarla sobre la cama, baja con dificultad de la silla, con manos temblorosas recorre el cierre de la valija, y saca desdoblado uno por uno los cientos de vestidos comprados a lo largo de tantos años con el dinero de las galletas vendidas, al principio pensó ir a Roma, después de mucho tiempo decidió que solo quería una señal para quitarse los ropajes de la Virgen de los Lagos, y hoy Benedicto VXI se la ha dado, no existen los milagros y un ojo ve más cosas que dos.
Mañana se pondrá el vestido azul, el de los vuelitos, el que dejo hace mucho de estar de moda, mañana se pintara los párpados de azul y el sol decidirá amanecer por primera vez solo para ella.
Mamá grande realmente fue su madre, por que quien la parió, la abandonó con el pretexto de no tener paciencia para una niña tuerta.
Mamá grande le dio gracias a Dios de que Lupe por lo menos tuviera un ojo para ver y encomendó a su nieta con la Virgen de los Lagos, le ofreció como manda que la niña llevaría puesto su ropaje todos los días hasta que cumpliera los doce años.
Mamá grande murió antes que la niña alcanzara esa edad, Lupe vio su niñez, su juventud y ahora su vejez envuelta en los pliegues de una devoción y una manda que le queda grande, y con un final que desconoce.
Lupe se enteró de la venida del Papa a León Gto., como se enteró todo el mundo. La televisión disparó la noticia hiriendola justo en el corazón para abrirle orificios que ahora están rellenos de esperanza.
Fue entonces cuando se dio cuenta de su poder, ¿ Cuantas noches rezó con fervor?, cuantas veces le pido a Dios tener la oportunidad de ver frente a frente al Papa Benedicto XVI, cuantos kilos de galletas horneo, para venderlas y poder pagar un boleto de avión a Roma y visitar la plaza de San Pedro, ahí el Papa desde su balcón en la misa del domingo la miraría directamente a su único ojo, a ella que es "el fruto del pensamiento de Dios querido, amado y necesario", porque esas fueron las palabras de el Papa cuando lo vio en la televisión y le llenó de ilusión el ojo vacío y el otro el que si ve lo limpio de la amargura con la que veía.
Lupe había sido sorprendida y alcanzada por la palabra de Dios al revelarle su intención de que por medio de ella se santificaría a Benedicto XVI, El le devolvería la vista de ese ojo extraviado. Quería un milagro y Dios a través del Papa se lo iba a dar. Con este discurso las galletas se vendían solas, todo el mundo quería ser participe de la canonización.
Los kilos de galletas recién horneados ahora servirían para alimentar a los niños de la calle, el dinero ya no era necesario, el Papa venia a ella.
El avión de Alitalia aterrizó en León a las 4:00 de la tarde, Lupe llevaba 8 horas haciendo valla a fuera del Colegio Miraflores que sería la residencia del Papa durante su visita a León. Los pies le dolían, no quería sentarse, podía perder su lugar, la cabeza comenzaba a retumbarle después de tantas horas de sol, su ropaje la hacia sudar copiosamente, el estomago no dejaba de rugir pidiendo alimento y para colmo la vejiga estaba a punto de rebelarse ante tanta represión.
Había tanto ruido, ( Benedicto ya se asoma, se siente su aroma, Benedicto hermano ya eres Mexicano, la juventud del Papa, suela, zapato y tacón, suela, zapato y tacón, Benedicto ya es de León.) y como coro el Cielito lindo.
Sin embargo; nada de esto era suficiente para doblegar la lluvia de emociones, que Bañaba su interior.
Ahí viene!! grita la gente, crece la expectativa, las porras se oyen con más fuerza , se agitan banderitas amarillas y blancas. Un remolino se desata en el alma de Lupe, rayos y truenos cargados de electricidad le ponen la piel de gallina para romper en un llanto impúdico acompañado de convulsiones que agitan su cuerpo.
Motos de la policía escoltan el papamóvil, su avance es lento, en el reducido habitáculo vidriado se sienta un pequeño anciano vestido de blanco, con la sonrisa a medias y el rostro cansado, agita el brazo de derecha a izquierda dando la bendición y es durante este movimiento sistemático que sus ojos recorren el mismo camino que los de Lupe para encontrarse en igual punto y sin atajos. El único ojo de Ella temblo de emoción, el ojo ausente ni se movió, los de El tenían sueño querían llegar a casa.
Horas de espera resumidas en un segundo de fe, este era su último recurso, ella quería un milagro y los milagros no existen. Ahora un silencio espeso la rodea, como espesa y amarga siente la boca, como muerto y pegado su ojo. Solo una sonrisa incompleta la delata.
Lupe regresa a casa vencida por la realidad pero con el corazón ligero, Benedicto se ha llevado su secreto, El le ha dicho que si.
Sigilosamente gira la llave en la cerradura, la puerta del ropero se abre, arrastra una silla, con torpeza se trepa en ella para alcanzar del entrepaño más alto una maleta, la jala del asa para aventarla sobre la cama, baja con dificultad de la silla, con manos temblorosas recorre el cierre de la valija, y saca desdoblado uno por uno los cientos de vestidos comprados a lo largo de tantos años con el dinero de las galletas vendidas, al principio pensó ir a Roma, después de mucho tiempo decidió que solo quería una señal para quitarse los ropajes de la Virgen de los Lagos, y hoy Benedicto VXI se la ha dado, no existen los milagros y un ojo ve más cosas que dos.
Mañana se pondrá el vestido azul, el de los vuelitos, el que dejo hace mucho de estar de moda, mañana se pintara los párpados de azul y el sol decidirá amanecer por primera vez solo para ella.
viernes, 23 de marzo de 2012
Desliz
Decidí que fueras mi tiempo, como se decide que te gusta comer ó a que te quieres dedicar. Me fui adueñando de los minutos que componían tus horas a estas las convertí en días y los días en la suma que ahora compone nuestra historia.
Me dije que te debía amar, que no seria difícil convencer a la razón para que esta manipulara al corazón y juntas crearan la ilusión del enamorado ciego que no ve defecto, que idealiza, que embellece los momentos, que ve a futuro y hace de su amor una bandera contra el irónico destino que se burla porque sabe que nada es eterno, y se hace el tuerto y con el ojo bueno solo ve una verdad a medias, el ojo que falta la inventa.
El tiempo fue pasando, yo podía haberte matado a punta de atenciones: tu comida favorita siempre en la mesa, deliciosos postres dignos del mejor gourmet. Lavaba tu ropa dejandola impecable, limpia, planchada, zapatos lustrados, la casa en orden llena de flores. Yo la mujer perfecta siempre dispuesta para ti, cuando me quisieras, envuelta en tus fantasías vestida en pieles negras ó en pequeñas faldas escocesas.
El deseo nos unía a cualquier hora del día dejando nuestras sombras fundidas en todos los rincones de la casa, éramos dueños de los espacios como dueños uno del otro.
Tus amigos los míos, tu familia la de los dos, tus gustos ahora nuestros, yo me iba difuminando, tu cada vez más intenso.
Yo te daba todo lo que era y Tu, Tu me dabas dinero a manos llenas, el amor se te fue acabando, tu dinero me fue llenando, tanto que no me acuerdo cuando deje de esforzarme por quererte y empece a querer todo lo que podías pagar, ya no me importaba que me dejaras noches enteras sola, ya no me importaban tus camisas llenas de mimos rosados. Tenía el poder de tener sin tenerte, así me fui acostumbrando a ser feliz, a necesitarte solo para estirar la mano, y me dije mil veces que esto era vivir, y todo me reía porque lo que había fuera de mi me hacia sentirme bien, adentro cientos de cobijas aplacaban el frío que luchaba por salir.
Las decisiones se toman en un segundo y se pagan el resto de la vida, yo te estaba cobrando lo que había decidido pagar.
Hasta que llegaste tu y me enseñaste lo fácil que es caminar en suelos azules, lo difícil que es amar con paciencia, porque ya no hay cabida para la cordura, porque tu vida que corre en mis venas me da la fortaleza para ser una mejor persona, a pesar de tenerme cariño así, de imperfecta como soy.
Porque esta orgía de sentimientos lucha contra mi sensatez, y me pide florecer cada vez que siembras en mi cuerpo, porque eres lluvia que quema dejando mi piel desbastada, talada de viejos recuerdos que ya no saben a nada porque nada soy si no eres tu quien puebla mi memoria.
¿Qué explicación hay para el amor?, para esta dicha cargada de dolor por tenerte a medias a destiempo y en medio de un mundo que era mío y ahora desconozco.
Y me obligas a reconstruirme cada vez que descoso mi piel a la tuya, y llego a casa y me descalzo pisando la alfombra que es la tierra que mejor conozco, al mismo tiempo que voy despellejandome de la ropa que huele a ti. Me miro en el espejo plena con vestigios de tus manos, de tu aliento, del ultimo temblor donde me dijiste todo, donde prometimos no separarnos, sonrío sellando el trato.
El ruido de la regadera me impacta con la realidad, lentamente el agua que corre por todo mi cuerpo decide bautizarme, porque ya no soy la misma mujer, porque la que antes era se muere y se diluye en remolinos que se ahogan en la coladera.
Escojo un vestido provocativo, nada de ropa interior, esta noche seré yo, te diré que solo importa el amor, que este todo lo puede y me iré contigo, luego, me marcharé sin decir adiós.
Mañana, seguiré pagando por mi felicidad esa que Tú, no me puedes comprar.
Me dije que te debía amar, que no seria difícil convencer a la razón para que esta manipulara al corazón y juntas crearan la ilusión del enamorado ciego que no ve defecto, que idealiza, que embellece los momentos, que ve a futuro y hace de su amor una bandera contra el irónico destino que se burla porque sabe que nada es eterno, y se hace el tuerto y con el ojo bueno solo ve una verdad a medias, el ojo que falta la inventa.
El tiempo fue pasando, yo podía haberte matado a punta de atenciones: tu comida favorita siempre en la mesa, deliciosos postres dignos del mejor gourmet. Lavaba tu ropa dejandola impecable, limpia, planchada, zapatos lustrados, la casa en orden llena de flores. Yo la mujer perfecta siempre dispuesta para ti, cuando me quisieras, envuelta en tus fantasías vestida en pieles negras ó en pequeñas faldas escocesas.
El deseo nos unía a cualquier hora del día dejando nuestras sombras fundidas en todos los rincones de la casa, éramos dueños de los espacios como dueños uno del otro.
Tus amigos los míos, tu familia la de los dos, tus gustos ahora nuestros, yo me iba difuminando, tu cada vez más intenso.
Yo te daba todo lo que era y Tu, Tu me dabas dinero a manos llenas, el amor se te fue acabando, tu dinero me fue llenando, tanto que no me acuerdo cuando deje de esforzarme por quererte y empece a querer todo lo que podías pagar, ya no me importaba que me dejaras noches enteras sola, ya no me importaban tus camisas llenas de mimos rosados. Tenía el poder de tener sin tenerte, así me fui acostumbrando a ser feliz, a necesitarte solo para estirar la mano, y me dije mil veces que esto era vivir, y todo me reía porque lo que había fuera de mi me hacia sentirme bien, adentro cientos de cobijas aplacaban el frío que luchaba por salir.
Las decisiones se toman en un segundo y se pagan el resto de la vida, yo te estaba cobrando lo que había decidido pagar.
Hasta que llegaste tu y me enseñaste lo fácil que es caminar en suelos azules, lo difícil que es amar con paciencia, porque ya no hay cabida para la cordura, porque tu vida que corre en mis venas me da la fortaleza para ser una mejor persona, a pesar de tenerme cariño así, de imperfecta como soy.
Porque esta orgía de sentimientos lucha contra mi sensatez, y me pide florecer cada vez que siembras en mi cuerpo, porque eres lluvia que quema dejando mi piel desbastada, talada de viejos recuerdos que ya no saben a nada porque nada soy si no eres tu quien puebla mi memoria.
¿Qué explicación hay para el amor?, para esta dicha cargada de dolor por tenerte a medias a destiempo y en medio de un mundo que era mío y ahora desconozco.
Y me obligas a reconstruirme cada vez que descoso mi piel a la tuya, y llego a casa y me descalzo pisando la alfombra que es la tierra que mejor conozco, al mismo tiempo que voy despellejandome de la ropa que huele a ti. Me miro en el espejo plena con vestigios de tus manos, de tu aliento, del ultimo temblor donde me dijiste todo, donde prometimos no separarnos, sonrío sellando el trato.
El ruido de la regadera me impacta con la realidad, lentamente el agua que corre por todo mi cuerpo decide bautizarme, porque ya no soy la misma mujer, porque la que antes era se muere y se diluye en remolinos que se ahogan en la coladera.
Escojo un vestido provocativo, nada de ropa interior, esta noche seré yo, te diré que solo importa el amor, que este todo lo puede y me iré contigo, luego, me marcharé sin decir adiós.
Mañana, seguiré pagando por mi felicidad esa que Tú, no me puedes comprar.
martes, 6 de marzo de 2012
Escucho tu aliento
Hace tiempo que los observo, y de todos eres Tú, quien llama más mi atención.
Me gusta verte correr en el jardín de la casa, ver como esos ojos tuyos que parecen rendijas se agrandan cuando la boca negra de tus pupilas se come la luz azul del cielo, y el blanco de sus nubes, y las manchas verdosas que bailan en los árboles.
Como tus manos pequeñas y regordetas acarician la cobija verde de la tierra, y tus dedos abren hoyos hasta llegar al color cafe, y encontrar mariquitas que tiemblan antes de sentir el apretón de tus dedos, que las hacen explotar, para que tu rías a carcajadas con esa risa chueca, donde cuelga un pequeño hilo de baba que empapa tu barbilla y encharca tu ropa a la altura del pecho.
Corres, corres con los brazos extendidos queriendo estrujar al viento, mientras le cantas el himno a la alegría que es la canción que te sabes de memoria, y tu nariz se infla de vida y se desinfla de contento, mientras Laurita tu nana te grita, porque no te alcanza.
- ¡Vivi, Viviana no corras te puedes lastimar!.
Yo canto contigo, y percibes mi apestoso aliento, lo noto porque se te eriza la piel, cierras los ojos, y quedas vibrando como campana. No me acerco me da miedo que me reconozcas y tu mirada se vuelva torva y me puedas ver.
Las acompaño a la casa siempre a distancia, Nadia abre la puerta con el reproche en su mirada, te da un beso helado que se derrite en tu cachete, sueltas la mano de Laurita y subes de dos en dos las escaleras, te pierdo de vista, la voz de tu madre me distrae, me concentro tanto en su boca, que bella es!, todo en ella es perfecto, sus labios carnosos, su nariz pequeña delineada por el escarpelo de un cirujano, ojos grandes enmarcados por unas enormes pestañas, cejas finas. Laurita la envidia, tiene celos de su cara de sus pechos redondos, de su estrecha cintura, de sus enormes gluteos, ¿A cuantas operaciones se habrá sometido para lograr este aspecto?.
Nadia detesta como la mira esta mujer, siente que tantea su vida hurgando en su interior para agrandar ese agujero minúsculo que deja ver su egoísmo, su vanidad, el desprecio que siente por esa hija enferma a la que no ama y de la que gustosa se quisiera deshacer.
Y que fea e insignificante es, parece un ratón asustado con esos lentes de fondo de botella y ese bigote que le da un aire de suciedad. Nadia no se deja engañar por ese aspecto débil, por ese olor a santidad, sabe que en el fondo se esconde un monstruo de varias cabezas, un ser acomplejado, y perverso capaz de cobrarle a la vida lo que cree que le pertenece, se ha dejado sobornar por ella dos veces, pero no habrá una más, Roberto ha decidido actuar, acabar de un vez con esta mosquita muerta.
Llevo un rato recorriendo los pasillos de sus pensamientos y me aburro, son tan iguales y tan diferentes, vacías, egoístas, deslumbradas por alcanzar una felicidad sostenida por alfileres. Un gesto caprichoso del azar podría costarles la vida, y las tendría aquí conmigo arrepentidas y deseosas de volver a nacer.
Un rayo de sol llama mi atención, me gusta ver como entra por la ventana y cae liviano sobre las dos mujeres, si pudieran apreciar la belleza de la energía que de ellas se desprende, la explosión de color y tonos que cambian según sus emociones, si pudiera tocarlas con la punta de mis dedos y sentir la suavidad y el calor de su piel, la vida que les corre dentro.
Durante meses he rondado esta casa, y no alcanzo a comprender ¿Quien me llama?, oigo mi nombre en los labios de tu padre, de tu madre, de Roberto su amante, de Laurita, de lo tuyos no Viviana, tu ni siquiera me conoces, por eso me gusta velar tus sueños, y sentir tu vida y sentirte viva y a través de ti respirar y mirar con tus ojos, y sentir con tu piel, y tu cuerpo perfumado de si mismo mitigando mi hedor, y quedo abatido de tanta vida que se te desborda. Me llaman Viviana.
- ¡No te vayas Nadia no nos abandones!, Laurita me ha contado todo se que tienes un amante, ¡por favor!, estoy dispuesto a perdonarte a darte todo lo que quieras, ¡tu hija te necesita, yo te necesito!.
- No me fastidies Ignacio y deja de apuntarme con esa pistola no te tengo miedo, estoy harta de aguantarte de fingir que te amo, estoy cansada de Viviana de no tener una hija normal, quiero ser feliz, quiero vivir, no pienso pasar un solo día más unida a las dos personas que más detesto.
Me pregunto ¿En los ojos de quien me veré?, es difícil saberlo, dos cuerpos forcejean, luchan, solo un minuto eterno y la explosión de un disparo, luego el silencio herido por tu grito Viviana, y te veo rodar la escaleras, y me veo en tus ojos y recorro contigo ese camino doloroso que los lleva del asombro al miedo, porque me ves y me reconoces, y no quieres morir, y me acerco a ti y te tomo entre mis brazos y te pido que no temas, mientras tu memoria y tu sangre se vacían, y tu piel de mármol me pesa tanto, como me pesa tu angustia, y tu olor se mezcla con el mío, y escucho tu aliento, y tus latidos luchan desaforados por bombear un liquido que huye de un cuerpo casi abandonado, porque tu alma se empieza a diluir y a fundirse con el tiempo, y de ti solo quedara el recuerdo.
Te estrecho fuerte, no quiero lastimarte, el temblor ya va a pasar, quiero evitarte mas dolor, relajate, no te aferres, respira hondo, no me mires así, no hay nada que entender Viviana, no hay nada, nada.
Me gusta verte correr en el jardín de la casa, ver como esos ojos tuyos que parecen rendijas se agrandan cuando la boca negra de tus pupilas se come la luz azul del cielo, y el blanco de sus nubes, y las manchas verdosas que bailan en los árboles.
Como tus manos pequeñas y regordetas acarician la cobija verde de la tierra, y tus dedos abren hoyos hasta llegar al color cafe, y encontrar mariquitas que tiemblan antes de sentir el apretón de tus dedos, que las hacen explotar, para que tu rías a carcajadas con esa risa chueca, donde cuelga un pequeño hilo de baba que empapa tu barbilla y encharca tu ropa a la altura del pecho.
Corres, corres con los brazos extendidos queriendo estrujar al viento, mientras le cantas el himno a la alegría que es la canción que te sabes de memoria, y tu nariz se infla de vida y se desinfla de contento, mientras Laurita tu nana te grita, porque no te alcanza.
- ¡Vivi, Viviana no corras te puedes lastimar!.
Yo canto contigo, y percibes mi apestoso aliento, lo noto porque se te eriza la piel, cierras los ojos, y quedas vibrando como campana. No me acerco me da miedo que me reconozcas y tu mirada se vuelva torva y me puedas ver.
Las acompaño a la casa siempre a distancia, Nadia abre la puerta con el reproche en su mirada, te da un beso helado que se derrite en tu cachete, sueltas la mano de Laurita y subes de dos en dos las escaleras, te pierdo de vista, la voz de tu madre me distrae, me concentro tanto en su boca, que bella es!, todo en ella es perfecto, sus labios carnosos, su nariz pequeña delineada por el escarpelo de un cirujano, ojos grandes enmarcados por unas enormes pestañas, cejas finas. Laurita la envidia, tiene celos de su cara de sus pechos redondos, de su estrecha cintura, de sus enormes gluteos, ¿A cuantas operaciones se habrá sometido para lograr este aspecto?.
Nadia detesta como la mira esta mujer, siente que tantea su vida hurgando en su interior para agrandar ese agujero minúsculo que deja ver su egoísmo, su vanidad, el desprecio que siente por esa hija enferma a la que no ama y de la que gustosa se quisiera deshacer.
Y que fea e insignificante es, parece un ratón asustado con esos lentes de fondo de botella y ese bigote que le da un aire de suciedad. Nadia no se deja engañar por ese aspecto débil, por ese olor a santidad, sabe que en el fondo se esconde un monstruo de varias cabezas, un ser acomplejado, y perverso capaz de cobrarle a la vida lo que cree que le pertenece, se ha dejado sobornar por ella dos veces, pero no habrá una más, Roberto ha decidido actuar, acabar de un vez con esta mosquita muerta.
Llevo un rato recorriendo los pasillos de sus pensamientos y me aburro, son tan iguales y tan diferentes, vacías, egoístas, deslumbradas por alcanzar una felicidad sostenida por alfileres. Un gesto caprichoso del azar podría costarles la vida, y las tendría aquí conmigo arrepentidas y deseosas de volver a nacer.
Un rayo de sol llama mi atención, me gusta ver como entra por la ventana y cae liviano sobre las dos mujeres, si pudieran apreciar la belleza de la energía que de ellas se desprende, la explosión de color y tonos que cambian según sus emociones, si pudiera tocarlas con la punta de mis dedos y sentir la suavidad y el calor de su piel, la vida que les corre dentro.
Durante meses he rondado esta casa, y no alcanzo a comprender ¿Quien me llama?, oigo mi nombre en los labios de tu padre, de tu madre, de Roberto su amante, de Laurita, de lo tuyos no Viviana, tu ni siquiera me conoces, por eso me gusta velar tus sueños, y sentir tu vida y sentirte viva y a través de ti respirar y mirar con tus ojos, y sentir con tu piel, y tu cuerpo perfumado de si mismo mitigando mi hedor, y quedo abatido de tanta vida que se te desborda. Me llaman Viviana.
- ¡No te vayas Nadia no nos abandones!, Laurita me ha contado todo se que tienes un amante, ¡por favor!, estoy dispuesto a perdonarte a darte todo lo que quieras, ¡tu hija te necesita, yo te necesito!.
- No me fastidies Ignacio y deja de apuntarme con esa pistola no te tengo miedo, estoy harta de aguantarte de fingir que te amo, estoy cansada de Viviana de no tener una hija normal, quiero ser feliz, quiero vivir, no pienso pasar un solo día más unida a las dos personas que más detesto.
Me pregunto ¿En los ojos de quien me veré?, es difícil saberlo, dos cuerpos forcejean, luchan, solo un minuto eterno y la explosión de un disparo, luego el silencio herido por tu grito Viviana, y te veo rodar la escaleras, y me veo en tus ojos y recorro contigo ese camino doloroso que los lleva del asombro al miedo, porque me ves y me reconoces, y no quieres morir, y me acerco a ti y te tomo entre mis brazos y te pido que no temas, mientras tu memoria y tu sangre se vacían, y tu piel de mármol me pesa tanto, como me pesa tu angustia, y tu olor se mezcla con el mío, y escucho tu aliento, y tus latidos luchan desaforados por bombear un liquido que huye de un cuerpo casi abandonado, porque tu alma se empieza a diluir y a fundirse con el tiempo, y de ti solo quedara el recuerdo.
Te estrecho fuerte, no quiero lastimarte, el temblor ya va a pasar, quiero evitarte mas dolor, relajate, no te aferres, respira hondo, no me mires así, no hay nada que entender Viviana, no hay nada, nada.
lunes, 20 de febrero de 2012
La gravidez de las palabras
Pasaba mis dedos por ellos pensando que tanto debían decir para estar tan gordos, si solo eran pastas con hojas llenas de letras.
En el estudio de nuestra casa había un librero de pared a pared de piso a techo, un anaquel de estantes llenos de pensamientos encerrados en cajas de papel codificados con letras, un mundo de historias ajenas, que moría por descubrir.
Papá les tenia amor a los libros pero de diferente manera, él los atesoraba, le encantaba comprar y formar colecciones enteras, enciclopedias con grabados en el lomo que acomodados en orden alfabético formaban una culebra enorme. Libros de arte llenos de reproducciones fotográficas de pinturas, Gauguin, Modigliani, Picasso, Van Gogh, pasaba horas enteras, tratando de copiar mujeres de cuellos largos, indígenas desnudas rodeadas de vegetación en unas infantiles islas Polinesias, noches estrelladas, y girasoles inacabados, por que el tiempo que los abarcaba nunca dejaba de pasar. Van Gogh enajenado pintado un mundo que no podía parar.
Armada de acuarelas, hojas y pinceles se me iban las tardes, tratando de copiar esas obras maestras.
En tercero de primaria gane un concurso de pintura donde participaron varias escuelas del sector; un bosque lleno de venados, arboles, plantas, un río rodeado de montañas. Mis acuarelas lograron plasmar con sus colores, toda la belleza de una naturaleza viva, que yo tenia grabada en mis pupilas y en las yemas de los dedos.
Papá llegó a la casa con un regalo, "Maria" de Jorge Isaac, me enamore del amor, de las palabras y sobre todo de Jorge que sentía igual que yo, y de lo bien que lo supo explicar. Desde entonces no había cosa que me diera más placer que iniciar un libro, sentirlo en mis manos, leer cuando se escribió, el número de la edición, la biografía del autor, y al final acomodarme (no importaba en el lugar que fuera), a disfrutar, a leer sin parar, a devorar las emociones de otros, a amar, a morir, a sentir rabia, frustración, alegría desde la comodidad de mi cuerpo relajado y mis ojos hinchados de imágenes.
Leia todos los libros que aprisionaban mis manos, a veces no conocía el significado de las palabras sin embargo, las intuía, así como comprendía mensajes que no podía explicar. "Cien años de soledad", el titulo me atrapo, mis ojos infantiles, se llenaron de sus paginas, y viví semanas con una familia que repetía nombres, que estaba condenada a cien años de abandono, y que al final nació un niño con cola de cerdo, pero hecho con amor. Años después ya adulta volví a leerlo y me asombre de haber comprendido tanta magia disfraza de realidad, a tan corta edad.
Poco a poco el amor por los libros me fue entrando por todos los sentidos, para ser prisionera de mi propia pasión. Ya no solo eran las historias las que me quitaban el sueño, empece a atesorar palabras, a escuchar las reacciones que estas producían en mi cuerpo, las abrazaba, y bailaba con los sonidos que brotaban de ellas, y no dejaba de maravillarme de su elocuencia al reunir tanto en tan poco, de la belleza de sus combinaciones, de sus profundidades y abismos, de su forma de corazón y de cuchillo, de su poder embriagador que trastorna hasta la locura, hasta la muerte lenta o fulminante de una verdad o de una mentira que desgarra cuando se lee o se escribe.
Y vino de la mano la eterna pregunta, ¿Y que hago yo aquí?, y pedí, que mi realidad fuera la del escritor, pedí escribirme, para conocerme, para inventarme, para no perderme, para morir y poder seguir gritando desde mi tumba.
E hice una promesa bajo la luna, la misma que me mira hoy, que nunca mis palabras iban a quedar flotando, que siempre las haría descansar en el papel, que no se revolverían con mis cenizas, prometí dejarlas aquí, para ti, para el que fuera, para que se escuche el rumor de mis recuerdos y lo que fue de mis pensamientos, y pedí permiso de existir, y de mi preñez nacieron mis hijas las palabras, son mi herencia y descendencia las que van hablar de mi cuando me vaya.
María Paz
Pasaba mis dedos por ellos pensando que tanto debían decir para estar tan gordos, si solo eran pastas con hojas llenas de letras.
En el estudio de nuestra casa había un librero de pared a pared de piso a techo, un anaquel de estantes llenos de pensamientos encerrados en cajas de papel codificados con letras, un mundo de historias ajenas, que moría por descubrir.
Papá les tenia amor a los libros pero de diferente manera, él los atesoraba, le encantaba comprar y formar colecciones enteras, enciclopedias con grabados en el lomo que acomodados en orden alfabético formaban una culebra enorme. Libros de arte llenos de reproducciones fotográficas de pinturas, Gauguin, Modigliani, Picasso, Van Gogh, pasaba horas enteras, tratando de copiar mujeres de cuellos largos, indígenas desnudas rodeadas de vegetación en unas infantiles islas Polinesias, noches estrelladas, y girasoles inacabados, por que el tiempo que los abarcaba nunca dejaba de pasar. Van Gogh enajenado pintado un mundo que no podía parar.
Armada de acuarelas, hojas y pinceles se me iban las tardes, tratando de copiar esas obras maestras.
En tercero de primaria gane un concurso de pintura donde participaron varias escuelas del sector; un bosque lleno de venados, arboles, plantas, un río rodeado de montañas. Mis acuarelas lograron plasmar con sus colores, toda la belleza de una naturaleza viva, que yo tenia grabada en mis pupilas y en las yemas de los dedos.
Papá llegó a la casa con un regalo, "Maria" de Jorge Isaac, me enamore del amor, de las palabras y sobre todo de Jorge que sentía igual que yo, y de lo bien que lo supo explicar. Desde entonces no había cosa que me diera más placer que iniciar un libro, sentirlo en mis manos, leer cuando se escribió, el número de la edición, la biografía del autor, y al final acomodarme (no importaba en el lugar que fuera), a disfrutar, a leer sin parar, a devorar las emociones de otros, a amar, a morir, a sentir rabia, frustración, alegría desde la comodidad de mi cuerpo relajado y mis ojos hinchados de imágenes.
Leia todos los libros que aprisionaban mis manos, a veces no conocía el significado de las palabras sin embargo, las intuía, así como comprendía mensajes que no podía explicar. "Cien años de soledad", el titulo me atrapo, mis ojos infantiles, se llenaron de sus paginas, y viví semanas con una familia que repetía nombres, que estaba condenada a cien años de abandono, y que al final nació un niño con cola de cerdo, pero hecho con amor. Años después ya adulta volví a leerlo y me asombre de haber comprendido tanta magia disfraza de realidad, a tan corta edad.
Poco a poco el amor por los libros me fue entrando por todos los sentidos, para ser prisionera de mi propia pasión. Ya no solo eran las historias las que me quitaban el sueño, empece a atesorar palabras, a escuchar las reacciones que estas producían en mi cuerpo, las abrazaba, y bailaba con los sonidos que brotaban de ellas, y no dejaba de maravillarme de su elocuencia al reunir tanto en tan poco, de la belleza de sus combinaciones, de sus profundidades y abismos, de su forma de corazón y de cuchillo, de su poder embriagador que trastorna hasta la locura, hasta la muerte lenta o fulminante de una verdad o de una mentira que desgarra cuando se lee o se escribe.
Y vino de la mano la eterna pregunta, ¿Y que hago yo aquí?, y pedí, que mi realidad fuera la del escritor, pedí escribirme, para conocerme, para inventarme, para no perderme, para morir y poder seguir gritando desde mi tumba.
E hice una promesa bajo la luna, la misma que me mira hoy, que nunca mis palabras iban a quedar flotando, que siempre las haría descansar en el papel, que no se revolverían con mis cenizas, prometí dejarlas aquí, para ti, para el que fuera, para que se escuche el rumor de mis recuerdos y lo que fue de mis pensamientos, y pedí permiso de existir, y de mi preñez nacieron mis hijas las palabras, son mi herencia y descendencia las que van hablar de mi cuando me vaya.
María Paz
sábado, 11 de febrero de 2012
Ira
Carmen acostada en la cama, quieta muy quieta, ve desvestirse a Pedro, el silencio la altera, Pedro consciente de ser visto se tarda en la maniobra de quitarse el pantalón y con sumo cuidado lo deja en el respaldo de la silla, luego, el calzon que va a ocupar el mismo lugar, se sienta despacio en la cama dandole la espalda a Carmen, se quita un calcetín, luego el otro, decide hacerlos una bola y aventarlos junto a la silla, caen sin hacer ruido, lenta muy lentamente voltea el torso, Carmen y Pedro se miran, ella con una mirada desorbitada, perdida, el con ternura y unas ansias contenidas.
Pedro sabe sonreír con toda la cara, la risa de Carmen es tímida incompleta .
_ Prende la luz, así me siento mejor.
Pedro se levanta de la cama, sin prisa llega a la pared donde esta el interruptor, sabe que Carmen tiene la mirada puesta en el, su cuerpo delgado no lo avergüenza. El cuarto se inunda de luz, Carmen cierra los ojos, quiere borrar los recuerdos, siente el cuerpo de Pedro que respira cálido junto al de ella, no los quiere abrir, solo un poco más para darse valor. Aspira un olor a limón a limpio y en el fondo a acido a sudor, la envuelve la seguridad, la calma, su cabeza anida en el cuello de el, si solo se conformara con sentirla, si no le pidiera más.
Pedro percibe su cuerpo duro, caliente, y se pega a Carmen, la respira entera, se le atora en la garganta, solo logra sacarla con un te deseo desinflado, seguido de besos, que dan vida a una piel que empieza existir, que se deja llevar por las yemas de los dedos que van dejando pequeñas huellas de fuego.
Manos que suben y bajan, acompañando respiraciones entre cortadas, jadeos, nudos de piernas y brazos que se atan y se desatan, bocas que succionan almas.
Pedro se hunde entre las piernas de Carmen, ella tensa el cuerpo, como resorte se incorpora en la cama, un sabor amargo empieza a inundarle la boca, el cuerpo paladea el recuerdo, el olor de su fétido aliento, su lengua viperina, escurridiza y húmeda deslizandose por todo su cuerpo, lamiendo y barriendo huecos, levantando llagas, desgarrando por dentro todo pudor, todo deseo.
_ ¡Por favor, no me haga daño, me duele, me lastima!,
Se siente acorralada, invadida, se revela, golpea con los puños, patea, el miedo la paraliza, dejandola indefensa. Al mismo tiempo que siente bajar por su entre pierna un calor liquido, seguido de un temblor incontrolable que la hace castañear los dientes.
No hay respuesta solo el silencio de la noche y la ira de un hombre que la avienta entre ramas y piedras, que enviste, golpea, rasguña, rasga carne, deshilacha ropa, una piel que pesa, que se impone violentando, sacando y metiendo un arma que destroza por dentro, que se mueve, que devora, llenando resquicios envenenandolos, para emanar vapores que saben a muerte, y se muere de una forma lenta, tan lenta que el cuerpo no se da cuenta y anda por el mundo viajando solo, la única evidencia de esta ausencia son los ojos vacíos y desorbitados que no hacen mas que dar pena por que ya no dicen nada.
La soledad de un cuerpo que se queda herido con un alma ultrajada, atrapa en un solo delirio que se llama venganza.
_ Carmen soy yo Pedro, abre los ojos, mirame!.
Carmen lucha forcejea, rasguña, pega, encaja dientes, muerde, escupe, saca fuerzas de donde puede, llena de ira se defiende, es el llanto de una loca el que se oye, palabras incoherentes, la fuerza del valiente que asesta un golpe certero en la cabeza de su agresor, un cuchillo guardado con esmero, listo para el momento.
No existe claridad en el pensamiento, solo una mujer con un ajuste de cuentas.
El cuerpo inerte de Pedro rodeado de unas sabanas blancas que se van pintando de sangre no es lo único que Ana, la hija de ambos, encontró al llegar a casa, pudo ver también a su madre acostada junto a su marido, desnuda de rojo, hecha un ovillo perdida en un mundo donde la arrastraron, y del cual no puedo salir, con la mirada desorbitada, vacía, y en sus pupilas clavada la imagen del único hombre al que amo.
Pedro sabe sonreír con toda la cara, la risa de Carmen es tímida incompleta .
_ Prende la luz, así me siento mejor.
Pedro se levanta de la cama, sin prisa llega a la pared donde esta el interruptor, sabe que Carmen tiene la mirada puesta en el, su cuerpo delgado no lo avergüenza. El cuarto se inunda de luz, Carmen cierra los ojos, quiere borrar los recuerdos, siente el cuerpo de Pedro que respira cálido junto al de ella, no los quiere abrir, solo un poco más para darse valor. Aspira un olor a limón a limpio y en el fondo a acido a sudor, la envuelve la seguridad, la calma, su cabeza anida en el cuello de el, si solo se conformara con sentirla, si no le pidiera más.
Pedro percibe su cuerpo duro, caliente, y se pega a Carmen, la respira entera, se le atora en la garganta, solo logra sacarla con un te deseo desinflado, seguido de besos, que dan vida a una piel que empieza existir, que se deja llevar por las yemas de los dedos que van dejando pequeñas huellas de fuego.
Manos que suben y bajan, acompañando respiraciones entre cortadas, jadeos, nudos de piernas y brazos que se atan y se desatan, bocas que succionan almas.
Pedro se hunde entre las piernas de Carmen, ella tensa el cuerpo, como resorte se incorpora en la cama, un sabor amargo empieza a inundarle la boca, el cuerpo paladea el recuerdo, el olor de su fétido aliento, su lengua viperina, escurridiza y húmeda deslizandose por todo su cuerpo, lamiendo y barriendo huecos, levantando llagas, desgarrando por dentro todo pudor, todo deseo.
_ ¡Por favor, no me haga daño, me duele, me lastima!,
Se siente acorralada, invadida, se revela, golpea con los puños, patea, el miedo la paraliza, dejandola indefensa. Al mismo tiempo que siente bajar por su entre pierna un calor liquido, seguido de un temblor incontrolable que la hace castañear los dientes.
No hay respuesta solo el silencio de la noche y la ira de un hombre que la avienta entre ramas y piedras, que enviste, golpea, rasguña, rasga carne, deshilacha ropa, una piel que pesa, que se impone violentando, sacando y metiendo un arma que destroza por dentro, que se mueve, que devora, llenando resquicios envenenandolos, para emanar vapores que saben a muerte, y se muere de una forma lenta, tan lenta que el cuerpo no se da cuenta y anda por el mundo viajando solo, la única evidencia de esta ausencia son los ojos vacíos y desorbitados que no hacen mas que dar pena por que ya no dicen nada.
La soledad de un cuerpo que se queda herido con un alma ultrajada, atrapa en un solo delirio que se llama venganza.
_ Carmen soy yo Pedro, abre los ojos, mirame!.
Carmen lucha forcejea, rasguña, pega, encaja dientes, muerde, escupe, saca fuerzas de donde puede, llena de ira se defiende, es el llanto de una loca el que se oye, palabras incoherentes, la fuerza del valiente que asesta un golpe certero en la cabeza de su agresor, un cuchillo guardado con esmero, listo para el momento.
No existe claridad en el pensamiento, solo una mujer con un ajuste de cuentas.
El cuerpo inerte de Pedro rodeado de unas sabanas blancas que se van pintando de sangre no es lo único que Ana, la hija de ambos, encontró al llegar a casa, pudo ver también a su madre acostada junto a su marido, desnuda de rojo, hecha un ovillo perdida en un mundo donde la arrastraron, y del cual no puedo salir, con la mirada desorbitada, vacía, y en sus pupilas clavada la imagen del único hombre al que amo.
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